El noble arte de hacer enemigos

sábado 21 de noviembre de 2009

La Fanzine again.

Mangando alegremente vídeos ajenos, aquí va uno de una de las etapas de la gira de presentación de La Fanzine#1. Buscan colaboradores para el número dos, por cierto. Tema, la música. “Extensión máxima en poesía, relato y demás cosillas literarias: una cuartilla con letra no estrambótica a 12 puntos. Fotografías, dibujos y demás cosillas gráficas, en blanco y negro y resolución decente.” Mail a la0fanzine@gmail.com con breve biografía y en el asunto: "colaboración para la segunda”.



jueves 19 de noviembre de 2009

Extensión del campo de batalla.

No he cerrado el blog. Sencillamente, me apetecía hacer otras cosas en otros sitio. Esta http arrastra demasiada historia. Aquí irán mis neuras y aburrimientos. Nunca hablaré de política en un sitio como éste por un buen motivo que no os importa, y hace unos días comprobé que tampoco voy a poder hablar de religión, o más bien de arreligión. Tendré que hacerlo en serio, y aquí no me sale de las pelotas hacer nada en serio. Ni coherente. Este es el esfuerzo que malgasto en fabricarme unas púas. Como si fuera poco...

lunes 16 de noviembre de 2009

El Principio Antrópico.

En mi cabeza llena de ritos y signos de imprecisa materia, determino que he logrado finiquitar definitivamente el proyecto Noble Arte. No me refiero a este blog, que voy a mantener rulando hasta conseguir finiquitar el proyecto ego de Javier Esteban Gayo, sino a que nunca volveré a colgar literatura propiamente dicha1 en él. Reflexiones, neuras, noticias y poco más. Para todo lo demás, pasen y lean El Principio Antrópico2. Ya está todo dicho. Bienvenidos3.

1Es decir, lo que yo entiendo por...

2Sí, ya sé que dije que pasaba de publicar en blog. Pero tal y como está el percal es la única forma de que alguien me vaya leyendo entre publicación y publicación, y quitarme el mono sin el riesgo de autopedefearme.

3Por cierto, que los comentarios se agradecen.

domingo 15 de noviembre de 2009

Por qué no soy ateo.

La razón por la que me declaro agnóstico y no ateo es que Dios es un axioma. Por lo tanto, su inexistencia es tan indemostrable empíricamente como su inexistencia. Quiero decir: hay una evidencia obtenida científicamente de que el mundo no se creó en seis días, igual que confirma que no estamos en un disco plano sostenido por cuatro elefantes a lomos de una tortuga colosal. Los ultracreacionistas suelen ser peña que consideran que si cambia una sola coma de la Biblia todo lo demás se va al garete, pero el resto de los cristianos ―al menos los católicos, legendarios por su laissez faire epistemológico― pueden asumir que el relato del Génesis es una 'alegoría'. Y en el terreno de las alegorías no puedes jugar con el positivismo científico. Tienes que entrar en la filosofía, pura y dura. Lo que ocurre es que en un momento en el que la ciencia pura se pergeña teorías tan peregrinas como la de los memes para explicar la evolución del pensamiento ―una maldición de la que, milagrosamente, escapa la ciencia natural―, la cosa se convierte en un inmenso diálogo de besugos que a mí, que debo ser un poco tonto, no me aporta nada. Así que por eso me declaro agnóstico: por coherencia y por aburrimiento de esta filosofía geek con la que se me bombardea redescubriéndome la rueda como si el pensamiento antes de Dawkins hubiera vivido en una etapa de aterrador oscurantismo. Repito: la ciencia natural demuestra la no necesidad de Dios para explicar el mundo pero no su imposibilidad. De igual modo, desmonta la interpretación literal del mito ―a María no la embarazó un ángel, fueron los midclorianos― pero no la alegórica. Hay otras ciencias que sí lo abarca, claro, pero ni siquiera son consideradas como tales por determinados vates de lo netamente empírico. Si alguien quiere un ejemplo claro, que se lea Teranesia, de Greg Egan. El único libro, de un autor que por otro lado me encanta. que no he acabado de puro cabreo por el tratamiento de los personajes secundarios. No sé, a veces me planteo que una ciencia que plantea la cuestión de los 'valores' no debe estar bien vista por algo más que por no atenerse al método hipotético-deductivo-con-matraces... En fin, que ésta es una de las cuestiones que me ralla. Evidentemente, teniendo en cuenta que mi próximo libro (que saldrá cuando salga) se titula El Principio Antrópico. Eso sí, yo sobre la religión lo tengo fácil: yo no soy cristiano. Probad a decirlo una mañana en el ascensor de la oficina o en la pausa para el bocata y convertiros en el alma de todas las fiestas...


EDITANDO: Queda demostrado que a la gente salta cuando uno no se define según estándares asumibles por ellos. Por ejemplo, molesta el concepto de agnóstico frente a ateo, cuando al menos para mí, está bastante claro que el agnosticismo es una postura más amplia e incluso puede ser más beligerante que el ateísmo. Al menos que ese ateísmo limitado y geek que criticaba en este post. Más que nada porque no todas las religiones son teístas pero todas surgen de una supuesta revelación trascendental a la que tienen acceso unos elegidos. Una gnosis. Así nos va. Que hay que decirlo todo y encima te suben a Menéame.

sábado 14 de noviembre de 2009

Heinlein.

No he leído casi a Heinlein. Nada personal. Empecé Tropas del Espacio, pero no era la peli de Verhoeven. Pasé. Y si digo que no he leído Heinlein es lo mismo que admitir que mi autoridad para hablar de, pongamos, la ciencia ficción es nula. Ni siquiera puedo considerarme un escritor de género con una laguna de ese tamaño en mi panorama de referencias. Así que no lo hago. Podría justificarme, claro. Podría defender que no he leído a Heinlein y a Asimov tampoco desde que tenía quince años pero porque estado leyendo otras cosas. Cosas que no son ciencia ficción y cosas que sí lo son pero que no lo parecen. Yo soy más de audiovisual, en todo caso. Soy un niño Spielberg. Niño Lucas. Niño Mandy Patinkin en Alien Nation.Empecé a leer cómics y libros de ciencia ficicón en serio cuando pude empezar a gastarme dinero en serio en ello. Cientos y cientos de euros. Tal vez miles. Mi cartera nunca tuvo corazón para Heinlein. Por eso mi primer cuento adulto era medio folio sobre superhéroes y el segundo diez acerca de cómo sería mi rutina laboral si los extraterrestres estuvieran aquí. Claro que, como no he leído casi a Heinlein, a estos últimos siempre me los imagino suicidándose.

jueves 12 de noviembre de 2009

Guerra en el cielo.

Últimamente parece que escribir ciencia ficción sólo lleva a pomposos discursos sobre la autoedición perpetrados por personas que hace sólo un par de años te miraban por encima del hombro por tener un blog. No. No soy rencoroso. Sólo llevo una semana corta pero brutal que me ha dejado con la cabeza arruinada para pensar en cosas que no sean el último libro de Manuel Vilas, que estoy leyéndome estos días. Tampoco temáis. No voy a volver a decir que se trata del mejor escritor de ciencia ficción en nuestro país, un modelo a seguir para aquellos que aman la Palabra Progresiva... En realidad, la mayoría de los militantes de eso que se llama el altofandom se darían de bruces con un muro de metáfora para el que no están geneticamente diseñados. La poesía es lo que tiene. Pero me gusta pensar que si hubiera que llenar de sentido una palabra vacía de sentido como pocas a estas alturas como la ciencia ficción, Vilas se bastaría y se sobraría. Porque es una ciencia de la ficción, y eso debería bastar. Ellos te dirán que no. Que la ciencia ficción es ciencia-ficción. Que no mezcles churras con merinas dándotelas de gafapasta a estas alturas de la vida, enteradillo. Entonces, tengo otra oferta: El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán. Una novela que no es de ciencia ficción, sino un homenaje a la ciencia ficción. Leído el comentario de Javier Calvo, la verdad es que tengo ganas de pillarla, aunque algún anticipo me llegó en el numero de Eñe dedicado al “género” de hace unos meses. Aunque en realidad me la suda lo que lean o no. Yo no pretendo educar a nadie y casi todo lo que escribo es para mí. Pero cuando el juego es “seamos respetables” estas son las normas que se me ocurren. Literatura hecha con las tripas y la voluntad de hacer literatura. Para todo lo demás, los talmúdicos debates con tres años de retraso sobre la maquetación en .PDF.

lunes 9 de noviembre de 2009

Sobre la corrección política.

Soy un varón heterosexual y agnóstico que pertenece a la etnia dominante en un país desarrollado con un Estado meridianamente laico. Ello, a priori, me ahorra bastantes problemas de los que se hace eco el artículo 14 de la Constitución española y el 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Ni me siento culpable por ello ni me considero en una situación privilegiada ―aunque sí cómoda― , ya que considero que es la misma de la que tendrían que partir todos los seres humanos. Lo que sí que tengo claro es que no es así, y por lo tanto actúo en consecuencia y aportar todo lo que modestamente puedo aportar para que ese objetivo se cumpla, con la tranquilidad añadida de que la legalidad vigente donde vivo me ampara. Así que, en base a a ello, me acojo a una ética personal y profesional ―no sé si la literatura entra también aquí, pero por una vez vamos a hacer la vista gorda― en mi relación con el resto del mundo y el logos que supone. ¿Hasta aquí de acuerdo, no? Bien. Ahora o leéis ESTA PERLA y a ver si podéis entender por qué a veces haría campaña por el sufragio restringido. No es un caso aislado, claro. Pinceladas como estas las habréis oído hasta en la sopa, es casi un mantra neocon ―”no me gusta que el Estado me diga de quién puedo chotearme”―, aunque aquí expresado con una torpeza bastante habitual entre los aficionados a la ciencia ficción de cierta edad. Por que, sí, esto es un post sobre la ciencia ficción. Más concretamente, sobre las sospechas hacia los horrores que propician el futuro con el que sueñan los androides borregos.